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Las Moiras son la personificación del
Destino. Inicialmente, todo ser humano tenía su moira, pero luego el
concepto se vuelve más abstracto y se convierten en una divinidad femenina.
Su carácter es totalmente impersonal e inflexible como la concepción que
tenían los griegos del Destino. Después de la epopeya homérica (La Ilíada y
La Odisea), se institucionaliza la idea de tres Moiras: Átropo, Cloto y
Láquesis. Su función es regular la vida de cada mortal, desde su nacimiento
hasta su muerte, con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda
enrollaba, y la tercera cortaba cuando llegaba el final de esa existencia.

Ellas son las que impiden que un dios intervenga en batalla, para evitar la
muerte de un mortal, cuando ésta es ya su destino.
Las Moiras son hijas de Zeus (dios de los dioses) y de Temis (diosa de la
Ley) y hermanas de Las Horas. Según otra tradición, eran hijas de La Noche,
como Las Ceres, por lo que pertenecían a la primera generación divina. En
este caso, serían titánides (de la generación de lo Titanes).

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Llama la atención el gran número de culturas y de panteones que poseen una o
varias divinidades, femeninas o masculinas, relacionadas con el tema de
tejer el hilo de la vida de los hombres. En la antigüedad, se creía que el
destino del hombre estaba determinado desde el nacimiento por una o por
varias diosas. Estas diosas, las Parcas de los romanos, las Moiras de los
griegos, las
Atroz de los egipcios, estaban siempre haciendo algo así como
hilar o tejer un hilo.
En Roma, equivalen a las Parcas, con la variación de que una preside el
nacimiento, otra el matrimonio y la otra la muerte. También conocidas como
las Tres Hadas. |
Diversos pueblos han tenido la creencia de que la vida humana está
determinada, a veces desde el nacimiento, por diosas maternales o por seres
sobrenaturales, y que la vida termina cuando ellas cortan una cuerda o un
hilo.

De los conceptos asociados con el tiempo surge, en la mitología griega
deidades preolímpicas que personificaban el destino, son las Moiras (Μοῖραι,
repartidoras).
Como Diosas Lunares, aparecían siempre en número de tres, representación de
las fases de la Luna y consecuentemente simbolizaban el presente, pasado y
futuro, o sea: el nacimiento, la vida y la muerte. No solo eran las dueñas
de la vida y del destino del hombre, cuya trama hilaban, sino que también se
encargaban de velar porque se cumpliera el designio de cada ser, incluyendo
el de los propios dioses. Estas tres hilanderas, hijas de Ananqué
(Necesidad) se relacionaban con los nacimientos, ya que en esos momentos
ellas decidían el sino de los recién nacidos, deparándoles la parte de
suertes, alegrías y desgracias que les correspondían, predestinándoles y
asignándoles una "función", rumbo u objetivo durante su existencia que
inexorablemente concluía con la muerte.
Tanto en la Ilíada como en la Odisea se hace alusión a las Moiras que han
tejido los hilos de la vida de cada persona en el momento de su nacimiento.
La primera hilaba el hilo de la vida, que era medido por la segunda y
cortado por la tercera, acto con el cual la existencia del sujeto llegaba a
su fin. Se las representaba habitualmente bajo la forma de tres pálidas y
solemnes ancianas vestidas de blanco que hilan en silencio a la tenue luz de
una lámpara de aceite, dotadas de sus instrumentos: el huso, la vara de
medir y las tijeras. Todavía en la tradición griega moderna está presente la
figura de las Moiras que aparecen tres días después del nacimiento del niño
para hilar su hilo.

Cloto, la más joven, la que hila, lleva un ovillo de lana, se encarga de
crear las hebras o hilos de la vida con su rueca. Ella decide el momento del
nacimiento de una persona.
Láquesis, la que asigna el destino, enrolla el hilo en un carrete dirigiendo
el curso de la vida y determinando el futuro de los seres. Es la que decide
que tan largo va a ser el hilo del destino de todos los hombres y por tanto
la duración de la vida;
Átropos,
la inflexible, es una anciana que toma del carrete el hilo de la vida y lo
corta con ayuda de sus tijeras. Determina el momento de la muerte de los
seres, sin discriminar edad, posición, riqueza ni ninguna otra prerrogativa,
pues la muerte nos llega a todos por igual.
Las Moiras eran a la vez diosas de la vida y de la muerte. Al conocer el
destino de los hombres conocían su futuro, por lo que se les atribuía
también la capacidad de hacer profecías.
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